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El poder y la humildad - Terapia para la salud emocional física y mental
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Cuando pensamos desde el pensamiento colectivo en el poder, nos viene a la cabeza la política, los banqueros, los grandes empresarios, los lobbys, etc. No sé lo que estas figuras representen para ti, pero a mi me resultan distantes de mi vida, con tareas poco apetecibles. En mi opinión el poder es igual a responsabilidad, pero estas figuras a veces nos muestran lo contrario. No les quito mérito y mi admiración, pues creo que para estos puestos de “responsabilidad” has de tener una gran vocación de estar expuesto al público, dar la cara ante muchos (incluso estar dispuesto a que te la partan), representando a bastantes personas tras de ti. Has de disfrutar de negociar, vender y seducir con tus ideas (aún a veces no creyendo en ellas), porque esta idea de poder está orientada a “conseguir beneficio”. Este poder, me tienta poco personalmente, lo más probable que sea por mi propio caracter (educación, valores, mi ego) y también por la parte femenina que me toca, en la que me cuesta un esfuerzo entender las jerarquías (he tenido que educarme a base de algún traspiés laboral). No me malentiendas, para mi el Poder es importante:

El Poder es tomar la responsabilidad de mi vida. Es ser mi propio líder y maestro. Es la determinación de vivir conscientemente, de crecer y aportar mi valor.

Sin embargo esta idea de Poder no tiene que ver con acumular o atesorar para tener Valor. Simplemente por ser quien soy ya tengo valor, solo que he de volver a recordarlo. Hay que apartar al ego (con su apego y aversión) para ver que no falta nada, que ya Soy y ese es mi Valor.

El Poder está ligado a ejercer mi Valor de Ser y a responsabilizarme de mis actos. Y sin embargo el Poder está no relacionado con controlar la vida. Poder y Control no son exactamente lo mismo.

La tentación de querer controlar la Vida y su incertidurmbre, solo me lleva a sufrir, pues supone una resistencia a vivir lo que ya está sucedicendo (sean situaciones, emociones, pensamientos). En querer controlar la vida solo puede haber una falsa percepción del poder.

El orgullo entendido como amor propio nos da fuerza para creer en nuestro Poder y conseguir lo que deseamos. Es importante saber qué es lo que queremos en nuestra vida, expresarlo con el mayor detalle posible. La Vida nos proporciona todo lo que queremos (somos creadores de realidad, ¿recuerdas?), pero lo que pasa es que si carecemos de coherencia entre consciente y subconsciente nos auto-boicoteamos en conseguir nuestras metas. Por ejemplo si quiero tener un trabajo con determinadas condiciones buenas para mi, pero mi creencia subconsciente es de “no me merezco lo bueno, porque trabajar es sufrir” pues la vida me traerá exactamente lo que pido, bajo la petición del subconsciente. Por eso es necesario mirar adentro y ver de frente nuestros miedos, para cambiar estas creencias, lograr coherencia y manifestar lo realmente deseo.

Expresar lo que deseamos no es exactamente querer controlar la vida. La Humildad nos da la medida de aceptar la Vida tal cual es, sin resistencias. Si no estamos disfrutando lo que deseamos puede ser porque:

  1. Aún no estamos en coherencia (nuestro subconsciente está deseando lo contrario a lo que deseamos desde el consciente) y debemos mirar con humildad hacia adentro, para aprender de nuestros miedos y trascenderlos.
  2. Porque no nos estamos dando el Valor suficiente y/o confiando en nuestro Poder para definir lo que deseamos.
  3. Porque lo que llega a nuestra Vida es más importante como lección vital para aprender algo fundamental y transformador. Hoy podemos vivirlo como un infierno, pero en realidad es una bendición. (Consejo: abrázalo como bendición y el aprendizaje y la transformación será más rápida).

Y sí, el Poder tiene que ver con el orgullo. Estar orgulloso de ser quien soy es aceptarme y amarme tal cual soy aquí y ahora.

En mi opinión se puede tener un orgullo saludable y se puede tener humildad a la vez. Si ambas están equilibradas, nos otorgan un gran Poder personal, que viene desde el Ser, desde el amor propio que aporta el excedente para amar a los demás. Es como si se nos saliera todo el amor que llevamos dentro, sin poderlo retener. Así que este orgullo ha de venir desde la abundancia, desde nuestro propio excedente. Es este tipo de orgullo es el único que puede convivir con la humildad. Este orgullo, nos aporta el reconocimiento de quienes somos realmente, la humildad, nos libera de generar una ficción de nosotros mismos (de justificar, de evadir mi responsabilidad, de crear expectativas e ilusiones de mi misma y de lo que me rodea).

El orgullo/amor propio, nos reconoce exactamente como Amor y no necesita poseer o defenderse de nada de afuera, porque ya está feliz siendo quien es. Es accesible, es generoso, es alegre, es asertivo, es empático, es intuitivo, es valiente, es audaz, es ausente de miedo. Desde un buen amor propio nos volvemos poderosos, imparables, porque hemos sumado tan buen Valor sobre nosotros, que cualquiera de nuestras apuestas es fuerte por el crédito que añadimos sobre ellas.

El amor/orgullo desde la carencia, sin humildad, carece de gentileza, empatía, compasión, agradecimiento o generosidad. Siente urgencia y necesidad (subconscientemente la mayoría de las veces), de que nos sea devuelto el amor que damos afuera: “Después de todo lo que he hecho por ti”, “me lo debes”, “yo nunca lo hubiera hecho así”. Es incapaz de mirar realmente al otro,  porque siempre está situado por encima de los demás (o por debajo), haciéndose incalcanzable o intocable. Como aquel que dice que siempre está bien, como si fuera un pseudo-dios, donde las miserias humanas nunca le rozan o como aquel que sufre más que nadie, haciéndose la victima más inalcanzable del purgatorio a la que nadie nunca podrá rescatar. Aquí es donde se forjan los egos espirituales y enrocados, los “me enfermas” (literales), las falsas fachadas que esconden grandes sombras y complejos no enfrentados, las decisiones locas de los carismas más aberrantes, los delirios de grandeza, los sacrificios sin compasión, los juicios y las palabras más envenenadas y devastadoras… Es la irresponsabilidad de no tomar consciencia de lo que es y de Ser lo que realmente Soy.

Esto tipo de amor/orgullo desde la carencia parece tentador, porque el ego te dice: “no te procupes, desde aquí lo tengo todo controlado, siempre lo hacemos así, aquí estamos seguros”. Te da una falsa sensación de seguridad y control sobre la vida… Pero el ego es un camicace: ¡no tiene ni idea, no sabe lo que hace, ni lo que es bueno para ti! Te lleva de una creencia a otra dando tumbos pensando que “y si solo consigo esto, ya voy a ser feliz”. Te mantiene ocupado jugando al ping-pong de las creencias, entre pasado y futuro, sin llevarte a ninguna felicidad duradera, alejándote del único momento en el que realmente puedes decidir, que es aquí y ahora.

De hecho gano en Valor siempre que decido voluntariamente aceptar y decretar que elijo hacer exactamente lo que estoy haciendo ahora.

Ganar Valor es ganar Certeza.

Y esto creo que se debe a que decidir elegir aceptar lo que es, solo te deja en el momento presente, en el Aquí y en el Ahora. De esta forma decido utilizar en este momento lo que se está manifestando en mi vida tal cual es, lo que implica reconocerme tal y como soy en este mismo instante. Esto es paz interior.

Tomo mi lugar, me habito, me hallo, me responsabilizo, me empodero en esta exacta circunstancia de este mismo instante.

Te invito a probar un experimento que a mi me ha costado años de agotamiento entender: Cuando en mi cabeza tengo un apelotonada lista de tareas por hacer y voy sin ton ni son, haciendo un poco de allí y un poco de allá o varias a la vez (por ejemplo: cocino la cena y a la vez la comida de mañana, mientras escucho un conferencia en el móvil, miestras estoy pendiente de un whatsapp y a la vez me reconcome una conversación de hace unas horas, así que decido barrer miestras se calienta el agua, etc…). El resultado suele ser que al cabo de unas horas estoy tan agotada como si me hubiera arrollado una manada de ñus. Pierdo mi energía vital. Es como si mi haz de energía se tamizara por los multiples agujeros de un colador y se extinguieran en su mayoría, por no darles consciencia.

Sin embargo cuando “DECIDO conscientemente hacer una determinada cosa AHORA” todo va perfecto. ¿Te suena lo de estar aquí y ahora? Bueno pues se traduce a una simple decisión. Te invito a hacer la prueba y expresarlo internamente con palabras. Por ejemplo: “decido cocinar esto ahora”. “Ahora decido barrer”. “Ahora decido mirar el whatsapp”… una cosa a la vez, una detrás de otra pero tomanto verdaderamente la decisión de hacerla.

Puedo decidirlo todo, desde hacer las cosas una a una conscientemente, hasta decidir hacer lo que parece que viene impuesto desde afuera: “decido conscientemente esperar en esta fila y disfrutar de estar presente”, “decido conscientemente estar presente en paciencia en esta rabieta de mi hijo”, “decido disfrutar de este frío o de este calor”, “decido pararme a sentir esta emoción” y la que más me ayudan: “decido ser amor y consciencia” y “decido prestar atención a mi respiración y volver a mi Ser”.

Decidir, elegir, no solo me ayuda a aceptar y a habitarme en el instante presente. Me empodera porque me hace uno con todo lo que hay manifiesto en este instante, integrándolo en mi: nada que rechazar, nada que obtener, solo aceptar que está aquí como parte de ser lo que soy.

En resumen:

El Poder es Responsabilidad

El Poder es saber lo que quiero manifestar en mi vida

Para ello necesito Coherencia y darme Valor

El Poder es elegir de forma consciente y así gano en Valor

El Valor es Certeza

Para ser coherente necesito Humildad

La Humildad me ayuda a aceptar lo que es

Aceptar es valorar el aprendizaje y trascendencia

Aceptar es Elegir. Decidir integrar en mi lo que ya es

Integrar la Vida en mi es darme Valor y Poder

La Confianza es la audacia de ceder el control a la Vida

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